Liceo de los Andes, El origen de un sueño

Escrito por comunidadliceoandina 05-02-2015 en Escritor Rector. Comentarios (1)


El lugar exacto de donde brotan nuestros sueños sigue siendo un misterio para la neurociencia. Para el psicoanálisis los sueños son realizaciones de deseos insatisfechos, juegos imaginarios con los que el inconsciente sustituye o reelabora los objetos de deseo. Parcialmente estoy de acuerdo, los sueños son incursiones para explorar los márgenes prohibidos de la realidad. No son premoniciones ni profecías, pero sí son signos que revelan que después de lo real está siempre acechante lo posible, que el mundo no acaba donde alguien trazó arbitrariamente una raya. Por tal motivo, en cuanto son expresión de una insatisfacción con la realidad, los sueños encarnan nuestra más férrea y profunda voluntad de vivir y de luchar.

En mis ardorosos años juveniles, muy en sintonía con los vientos de cambio que sacudían al mundo, mi principal motivo de rebeldía era la escandalosa inequidad socio-económica. Yo no lograba entender mediante qué mecanismos la riqueza había llegado a niveles de concentración tan diabólicos, mientras la miseria se reproducía impulsada por una lógica demencial. ¿Estamos condenados a vivir en un mundo tan inequitativo? ¿Es posible hacer algo para cambiarlo? Esas fueron las preguntas que reflejaron la angustia y la indignación de toda una generación. Y son las preguntas que han marcado la historia de varias generaciones bajo el sino trágico de la violencia y la brutalidad. Aunque no todos las respondimos de la misma manera, por supuesto, ni las vivimos con la misma intensidad, son las preguntas que en algún momento sacudieron nuestra conciencia personal y colectiva.

Algunos comprendimos que la mejor manera de combatir las injusticias sociales era identificar sus factores causales, sus raíces profundas y los mecanismos que las perpetúan. Una de estas raíces, no la única ni la primera quizás, es la desigualdad en términos de apropiación del conocimiento. Para despojar a un pueblo de sus derechos y bienes materiales primero había que despojarlo de la peligrosa y subversiva posibilidad de que accediera a los bienes simbólicos de la cultura. Por esta senda fuimos llegando a una revelación cargada de sentido: “La educación es un  campo de combate” (Zuleta, 1985).

Por este camino se fue descifrando un sentido radical para mi vida, una misión que vino a dar respuesta a todas mis búsquedas. Entonces comprendí que la tarea esencial de mi vida era generar las condiciones para que mis estudiantes tuvieran acceso a la única fuente genuina de libertad: el pensamiento crítico y la libertad creadora. Para lograrlo era necesario crear un proyecto educativo en el que los niños aprendieran cosas diferentes, por caminos diferentes y con propósitos diferentes.

Así nació el LDLA, como una apuesta y un desafío. El conocimiento y la cultura no pueden seguir siendo el privilegio exclusivo de una élite predestinada a gobernar el mundo. Ahora comprendo que si toda una comunidad (estudiantes, padres, maestros y personal administrativo) trabaja por la democratización del conocimiento, o sea para lograr que los niños aprendan y aprendan de verdad, será posible un nuevo proyecto de sociedad donde todos podamos intentar vivir la vida que soñamos y no la que extraños designios nos quieren imponer. 

Carlos Villa, Rector Liceo de los andes