HOY LOS COLOMBIANOS VIAJAMOS AL FUTURO

Escrito por comunidadliceoandina 30-09-2016 en Cultura Ciudadana. Comentarios (0)

52 años de guerra dejan cicatrices en el rostro, el cuerpo y el alma de todo un pueblo. La guerra se volvió parte de la historia de los colombianos, como esa sombra tenebrosa que nos persigue a todas partes, como esa segunda piel que nos deforma y nos va cubriendo de llagas y heridas. Ocho millones de víctimas, compatriotas  nuestros asesinados, desaparecidos, torturados, violados, secuestrados, desplazados, pueblos masacrados, niños entrenados para matar y condenados a morir en el combate. Todo el horror de una guerra que degrada al ser humano hasta los límites inimaginables de la brutalidad, la barbarie, la crueldad alimentada por el odio. Miles y miles de jovencitos que salieron de sus casas y dijeron adiós a sus padres para empuñar un fusil. Algunos sobrevivieron y hoy viven atrapados en traumas infernales, muchos despertaron en medio de la noche bajo el tormentoso suplicio de verse mutilados, otros nunca regresaron y sus madres no dejarán de nombrarlos y de llorarlos.

Yo nunca fui a esa guerra y nunca iría a ninguna guerra. Por eso no quiero que nadie más tenga que ir a matarse con otros bajo ningún pretexto, ni a nombre de no sé qué principios, ni para defender no sé qué ideología. Que ninguno de mis hijos tenga que ir, que ninguno de mis nietos tenga que conocer ese infierno, que ni uno solo de mis estudiantes, egresado del Liceo de los Andes, que ningún joven tenga que empuñar un arma para aniquilarse con un compatriota. Y en un mundo tan delirante y demencial como el de hoy sólo veo una forma de evitarlo: acabar con esta guerra. Hoy es ese día, esa hora que parecía inalcanzable, hoy es ese triunfo de la vida sobre la muerte. Hoy, esta tarde, se firma en Cartagena el fin de esta guerra tan absurda e inútil como todas las guerras. A partir de hoy las FARC desaparecen como grupo armado. ¡Qué gran noticia para Colombia y para el mundo!

“¡Tan bobo, tan romántico, tan ingenuo!”, dirán algunos que se creen más realistas. Y puede que tengan algo de razón. Con la firma definitiva del acuerdo de paz con la FARC no se van a solucionar todos los problemas, ni van a desaparecer los conflictos que nos desgarran. Somos uno de los países más inequitativos del mundo, más excluyentes, con mayor impunidad y corrupción, más agresivos contra nosotros mismos y contra la naturaleza. El fin de la guerra no es la apertura de las puertas del paraíso. Nada se va a solucionar mágicamente, pero podremos empezar a solucionar el problema de fondo, el que alimenta todos los otros monstruos que nos destruyen como pueblo. El padre Francisco de Roux lo expuso claramente el jueves pasado en las páginas de El Tiempo:

“El problema de fondo ha sido y sigue siendo la incapacidad de reconocernos como seres humanos con igual valor y dignidad. Por eso la desconfianza, el desprecio, la capacidad de destruirnos siendo la misma sangre y la misma carne colombiana.”

Ese es el verdadero desafío y la auténtica conquista que se abre ante nosotros con los acuerdos de la Habana: empezar la reconstrucción de nosotros mismos como seres humanos. Ese es el primer paso para crear las bases de una sociedad en la que todos tengamos un lugar y no solamente los predestinados por la fortuna. Aún falta refrendar ese acuerdo que hoy se firma en el plebiscito del próximo domingo. No todos comparten el optimismo que a nosotros nos embriaga. La guerra y sus horrores nos volvieron pesimistas, yo mismo he sido pesimista en largos y oscuros capítulos de mi vida. Pero hoy, desde la más profundo de mi conciencia, desde las fibras más íntimas de mi ser de hombre y de padre, de educador y de abuelo, hoy por todos los que han muerto y los que están naciendo, por ustedes, queridos estudiantes, por ustedes y los hijos de ustedes, me la quiero jugar por este Sí a la vida, este No rotundo a la guerra. Si somos capaces de dejar de matarnos entre nosotros es posible que empecemos a vivir juntos y a trabajar unidos para construir un nuevo proyecto de sociedad, más democrática y justa, más civilizada y humana.

Muchas veces decimos que somos muy humanos cuando somos crueles y egoístas, pero eso no es cierto o por lo menos no es la verdad completa. La verdadera y genuina esencia de lo humano es que somos seres amorosos, tiernos y cooperativos, compasivos y solidarios. Hoy es un día histórico para Colombia. El mundo entero vuelve sus ojos hacia nuestra patria, hasta hoy el escenario de la mayor tragedia humanitaria del último medio siglo en América Latina, y por primera vez nos miran con admiración y respeto. Toda la comunidad internacional, representada en las grandes personalidades que están reunidas en Cartagena, confirman una grata evidencia: Los colombianos somos mucho más que coca y violencia, hoy somos un signo de esperanza para el mundo entero, hoy vamos a dar un salto evolutivo hacia nuestra humanidad. Es posible que los historiadores del futuro señalen esta fecha, 26 de septiembre de 2016, como el día en el que Colombia realizó su anhelado y aplazado ingreso al siglo 21.

Con la nueva oportunidad que nos da el fin de esta guerra, aquí en el Liceo de los Andes vamos a trabajar más duro para cultivar nuestra humanidad, para incentivar la pasión intelectual en nuestros niños, para aprender a emocionarnos con el resplandor de la vida que nos dan el teatro, la lectura y la ciencia,  para corregir nuestros errores con humildad y para persistir en la formación de niños y jóvenes capaces de aportar su talento para la tarea que a todos nos convoca: construir un nuevo país donde haya un lugar digno para todos.